México: ‘Auditorio Che Guevara: El Cerco.’

auditorio Che_respeto espacio autonomo

A un mes de la fallida recuperación militar del Auditorio Che Guevara, el Estado Mexicano sigue empecinado en su aventura contra este espacio de organización.

  1. El ataque de la madrugada del 3 de marzo de 2014, quedará marcado en la historia de la Universidad como uno de los más tenebrosos acontecimientos. Al disponer de un grupo semiclandestino armado para desalojar el Ché, los asesores de “seguridad nacional” de Enrique Peña Nieto, no sólo mostraron el perfil abiertamente represivo y paramilitar del partido que gobierna el país. También dejaron al descubierto hasta dónde están dispuestos a llegar con tal de criminalizar y destruir la auténtica protesta social.
  2. Sin embargo, una vez más no contaron con el factor dignidad. Ante la ignominia que produjeron las torturas y vejaciones a la guardia desalojada, pocas horas pudieron los atacantes sostener su “retoma”. Desde que se supo de la agresión, decenas de estudiantes, anarquistas e individuos solidarios, se organizaron para recuperar una vez más el espacio. El grupo mercenario, carente de toda moral de combate, no vio mas alternativa que poner tierra de por medio. En su huida, dejaron rezagado a uno de los suyos, que relató a los medios como fue que el FNLS se valió de decenas de normalistas para traerlos como carne de cañón ese día.
  3. En una acción plenamente legítima, sin que se cometiera ningún delito, sin que hubiera destrucción material, muertos, prisioneros, ni heridos, fue recuperado el auditorio que hoy se ha convertido en la barricada más acosada del descontento social en este territorio. Ello significó el principio del fin para la tendencia más putrefacta del estalinismo en México, cuyo “brazo de masas” quedó completamente evidenciado y nulificado políticamente: primero por alentar y auspiciar, luego por preparar, ejecutar y reivindicar vergonzantemente la operación que culminó con las repugnantes acciones de su comando contra los ocupas.
  4. Ante la imposibilidad de volver a utilizar a este grupo mercenario, el Estado ha tenido que dejar embarcado en dicha aventura de desalojo a la Rectoría de la UNAM. Inmediatamente Narro (viejo experto en acciones policíacas y porriles), echó a andar su “plan B” y acudió a presentar denuncias ante la PGR por los “hechos de violencia de los días 19 de diciembre y 3 de marzo”. Desde luego Narro actuó no como representante de la Universidad, sino como socorrista y vocero del malherido grupo encubierto, mismo que ahora le redacta los comunicados políticos para que él los firme.
  5. Así se ha empezado a tender un nuevo cerco en contra de quienes defienden la permanencia del auditorio como un espacio autónomo y/o se organizan en y desde él. En primer lugar salieron al relevo las corrientes políticas más anquilosadas del movimiento “estudiantil”: En Lucha y el CEM -en lo que ya va siendo su tradicional labor de esquirolaje-, trataron a toda costa de impedir que surgiera una asamblea en defensa del auditorio. Y cuando vieron frustrada su labor, no vieron más remedio que teatralizar la farsa de una supuesta “escisión” entre los estudiantes y los anarquistas.
  6. Detrás de la cacareada “propuesta” de una “nueva” administración tripartita para el auditorio, no están sino los mismos personajes que durante 13 años han ansiado que este se regrese al absoluto control de la Rectoría. Son los siempre serviles de la academia y la política universitaria. A estos se suma un cínico personaje como lo es Imanol Ordorika Sacristán. Experto apagafuegos desde su juventud, en la huelga estudiantil de 1987 y luego en el congreso Universitario de 1990, Ordorika dirigió la cooptación y derrota del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), proeza que en lo individual le valió poder realizar cómodamente sus estudios de maestría y doctorado en Stanford y que en lo político alimentó el fiasco del Frente Democrático Nacional que presentó la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia en 1988 y se concretó con la posterior fundación del PRD un año después. Al lado de este personaje, como un fantasma, aparece siempre la prestigiada figura de Adolfo Gilly, a quien los ocupas conocen muy bien y no merece unas líneas recordarlo. Curiosamente Ordorika, quien actualmente funge como investigador titular “c” en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM con un sueldo mensual base de $ 22, 692[1] pesos y además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (que le provee en su calidad de miembro nivel III, de estímulos que pueden ir de los 20 a los 80 mil pesos mensuales[2]) proviene de la Facultad de Ciencias. Dicha dependencia es, como todos sabemos, la cuna de la pseudomarxista “Corriente en Lucha”. En 1986-87, su lideresa Guadalupe “Pita” Carrasco, se presentaba por los medios como acérrima enemiga de la “Corriente Histórica”, encabezada por los llamados “Tres Reyes Magos”: Antonio Santos, Carlos Imaz Gispert (cuyo consanguíneo Eugenio Imaz hoy está al frente del CISEN) y el propio Ordorika. A juzgar por el papel que ambos están cumpliendo en este plan para desalojar el Che, -la una por medio de su grupo en Filosofía “Sin Cubo” y el otro, fungiendo tras bambalinas como asesor oficioso de gobernación y dando línea a través de las redes sociales-, las añejas diferencias ideológicas entre La Pita e Imanol quedaron zanjadas con el paso de los años.
  7. Además de su intento por utilizar como ariete a los académicos y grupos activistas estudiantiles ya referidos, la Rectoría ha repetido su tan socorrida campaña de crear un supuesto consenso público para oponer a la inexistente “comunidad universitaria” contra quienes defienden el auditorio. Miles de firmas fantasma, recolectadas en base a la coacción y la desinformación de alumnos, exalumnos y académicos. Desplegados con las rúbricas de las “vacas sagradas” (las que sobreviven, al menos), el apoyo servil de los directores de escuelas y facultades, los consejos técnicos y el Consejo Universitario. Narro reedita vulgarmente así, la campaña de el año 2000, cuando valiéndose de un Plebiscito creó el ambiente de opinión que le permitió a sus entonces jefes Juan Ramón de la Fuente y Ernesto Zedillo acabar por la fuerza con la huelga del CGH.
  8. Se plantean al menos tres posibles escenarios en este nuevo plan: una nueva provocación o golpe violento que “justifique” el desalojo contra quienes mantienen las actividades y guardias en el auditorio. Para lo cual sería difícil pero no imposible que utilizaran al mismo grupo atacante u otro de sus contingentes “sociales”, léase paramilitares; o bien recurrir a grupos porriles (con la desventaja de que estos carecen de disciplina militar y pueden salirse de control) o utilizar a la propia vigilancia universitaria como grupo de choque (cosa que ya hicieron el 1 de febrero de 2000 en la Preparatoria 3). El segundo escenario implica acentuar la ofensiva política-institucional contra el espacio, intensificando la labor de zapa que desde las asambleas realizan los activistas estudiantiles, conminando engañosamente a los “ocupas” a avalar todas sus propuestas (abiertas o disfrazadas de “apoyo”) si no quieren quedarse al “abandono” de los estudiantes.
  9. El tercer escenario plantea el uso puro y bruto de la ley en contra de los ocupantes. Para ello Narro y la PGR tienen ya montadas las falsas evidencias que eventualmente harán aparecer como resultado de las “averiguaciones previas”. Apócrifas todas ellas pues es claro que en la defensa del espacio autónomo no se ha cometido delito alguno (empezando porque una institución pública no puede acusar de “despojo” a quienes la sostienen con sus impuestos y se supone son el fin último de toda su actividad). Así que no se configura ningún tipo penal establecido, ni por flagrancia ni por hechos. Pero el Estado ha metido a la PGR en este asunto y los activistas saben como ésta se pinta sola para inventar pruebas. Bajo la amenaza o el ejercicio concreto de la acción penal, Narro pretenderá que es posible desarticular este movimiento. Una vez más se equivoca, pues no hará sino escalar violentamente el conflicto: ya lo hizo luego de la toma de la dirección de los CCH’s y Rectoría el año pasado. Quizá esté dispuesto –u obligado- a meter la pata de nuevo e incendiar la UNAM una vez más en vísperas de su sucesión: allá él.
  10. El cerco contra los grupos, individuos, organizaciones y colectivos organizados, ocupantes y defensores del Auditorio Che Guevara se va tendiendo y el Estado Mexicano, si ve frustrada una vez más su labor de mediatización y cooptación, si -como hasta ahora-, no logra vencer a los ocupantes por la confusión, el desgaste físico, mental o por el engaño, entonces estará doblemente dispuesto a utilizar la violencia. Al Estado no le importará que corra sangre, como el 3 de marzo no le preocupó que pudiera haber muertos. Quienes lo encabezan, creen erróneamente que así podrán aniquilar o neutralizar a una tendencia de carácter amplio en el movimiento antisistémico que es ya creciente. Dicha tendencia no se focaliza exclusivamente en el movimiento insurreccional, en el anarquismo, ni en una concepción limitada de estos. Se hace más visible ahí, pero de manera discreta va mucho más allá: está también en la expresión de desconfianza y descontento de los estudiantes y jóvenes llenos de hartazgo, provenientes de la clase trabajadora, está en los distintos esfuerzos políticos, comunitarios, colectivos e individuales que se plantean por doquier un total descrédito y desprecio ante la izquierda políticamente correcta. Narro y Peña Nieto, junto con sus secuaces de izquierdas y derechas, no pueden destruir esa fuerza antagónica que va fluyendo libremente ya, dentro y fuera de la Universidad, y cuyos principales sustentos no son la moral ni la fuerza, sino la dignidad, la ética y la conciencia. (D.M.)

[1] Según el tabulador vigente de AAPAUNAM, aunque según el portal de Transparencia UNAM es de $ 19, 174 pesos.

[2] UNAM: Salarios. Columna el Minutario de Guillermo Sheridan en Letras Libres. http://www.letraslibres.com/blogs/unam-salarios

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