Guerra entre Palestina e Israel: Nacionalismo y Muerte.

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    En las últimas semanas se han reanudado los enfrentamientos militares entre  Israel y Palestina, so pretexto del secuestro  y muerte de tres jóvenes  israelíes y  su posterior represalia en la  ejecución de palestinos. Mientras que las fuerzas de Hamás  (el partido islámico que gobierna Palestina) lanzan cohetes hacia  territorio israelí –mismos que causan más un estado de alarma que víctimas reales-, el ejército israelí  ataca  por aire y bombardea indiscriminadamente a la población civil en  la Franja de Gaza.  Se difunden cientos de horrendas imágenes de las víctimas civiles, sobre todo niños palestinos, que muestran la crudeza de la guerra. ¿Cuál es la alternativa que se plantea la humanidad ante esta barbarie?

    En primer lugar, pese a que desde muchos llamados se dice que no se trata de  una guerra sino de una masacre o una invasión, la realidad es que si se trata de un enfrentamiento militar.  Hay una total desigualdad de fuerzas, pero tanto el estado israelí como el gobierno palestino (y la burguesía profundamente religiosa a la que representa), son   instigadores y ejecutores de la violencia.  El Estado Sionista cuenta con todo el respaldo político y económico norteamericano. Tan sólo en el último año recibió tres mil millones de dólares en apoyo militar. El gobierno palestino   también representa un Estado, aunque débil. Y a sabiendas de que no tiene ninguna posibilidad de enfrentar el poderío bélico israelí, se empeña en mantener  los bombardeos. Lo hace pelando a una supuesta “defensa” del “pueblo” palestino y contribuye  así a la muerte de decenas de inocentes a los que dice representar.

    De  uno y otro lado se ponen en juego intereses que, como en todas las guerras capitalistas, claramente no son los de las clases explotadas.  Primero para las potencias coloniales, y luego para  el imperialismo, Medio Oriente, junto con el norte de África, han sido siempre regiones  de primera importancia. Durante el siglo XIX  y principios del XX la influencia italiana y alemana se hizo presente.   Luego, a  la caída del Imperio Otomano       Francia  y Gran Bretaña metieron aún más  las manos en Argelia, Túnez, Egipto,  Siria, Líbano e Irak.  Después de la segunda guerra mundial, EEUU (con los británicos como aliados) pasó a ser la primera potencia interesada en  desplegar su hegemonía. Fue así como se promovió la creación del Estado de Israel. No por ello el resto de las potencias europeas dejaron de tener intereses en la región. Mientras existió,  el estado capitalista soviético también jugó en Asia cercana  sus propias fichas para proteger sus dominios, como ocurrió con la invasión de Afganistán en los años 80. Así pues, todas las potencias imperialistas  siempre han acudido como buitres a disputarse y repartirse  la influencia política, económica y militar en dicha parte del mundo.

    Sin embargo la causa de la violencia y el continuo estado de guerra no pueden solo atribuirse a la intervención imperialista.  Las burguesías locales también han jugado todo este tiempo  un papel de primer orden como corresponsables  en ello.  Las guerras de “liberación nacional”, en los casos de Marruecos, Argelia y Túnez, sólo consolidaron regímenes nacionalistas pero  no aseguraron ningún cambio significativo en las condiciones de vida de la mayoría trabajadora. Mientras que en Libia y Egipto   se establecieron regímenes dictatoriales y militares. En Irán, la  caída del gobierno títere del Sha Reza Palevi, por la tan cacareada “revolución” de 1979, así como la instauración del gobierno de los ayatolas,  no fueron sino el preámbulo para  la   guerra de 1980-88 contra su vecino Irak, entonces apoyado por EEU. Esta guerra -donde es sabido que se usaron armas- químicas, causaría al menos un millón de muertos entre civiles y militares de ambos bandos.

    Es mentira que la existencia de estados   “soberanos”,  como apelan las burguesías locales y buena parte del aparato de izquierda  del capital, signifique para  los seres humanos que habitan por esos lares, la posibilidad de una vida en paz. Ha sido siempre en nombre de la determinación de los pueblos que millones de personas (la inmensa mayoría de ellas pobres), se han visto envueltas en guerras que no les han traído ningún beneficio. En nombre del “pueblo” Saddam Hussein llevó a su “país” a tres guerras. En nombre de la democracia en el mundo y de  la “libertad” del pueblo norteamericano, EEUU ha cometido las peores atrocidades en todo el orbe: Vietnam,   Panamá, Medio Oriente. En un estado “soberano” como Siria,  en poco más de dos años, decenas de miles han muerto en una guerra que ocurre sin necesidad de atribuirle la autoría directa a ningún invasor. Ni Rusia, ni Alemania, ni China ni EEUU ni Israel cuestionan en sus discursos la existencia del   Estado Sirio ni el “derecho” de su “pueblo” a “autodeterminarse”.

    La autodeterminación de los pueblos es una consigna hueca que en el peor de los casos se convierte en una trampa peligrosa. El “derecho a elegir”  de los oprimidos, se reduce a decidir si tal o cual facción de la clase burguesa va a perpetuar la explotación y determinar sus destinos. Para miles de millones de personas, el contar con un “territorio propio” no significa sino el verse reducidos  a un espacio geográfico arbitrariamente determinado. Un territorio en el cual vivirán y morirán, naciendo, creciendo y sufriendo la alienación, el trabajo, la  explotación, la miseria, la enfermedad, el deterioro ambiental, la represión y /o la guerra.

    Esta realidad que se vive en muchas partes, no cambiará tampoco con el reconocimiento o no de un Estado para el “pueblo palestino”. Así  como no cambió para el “pueblo” de Irak, ni para el “pueblo sirio” aún cuando sus burguesías locales en algún momento se hayan independizado. El peligro de la guerra siempre es latente bajo el capitalismo. Hoy mismo, Rusia, China, Alemania, EEUU, Gran Bretaña y Francia, juegan sus cartas en la región. Y todos los “estados libres” tienen que decidir y acoplarse a jugar con uno u otro bando: Egipto y Turquía –que también son naciones libres y donde la represión política es atroz- , Arabia Saudíta,  Irán… todos ellos   son corresponsables de  la violencia actual.

    Tras las guerras en medio oriente, ya sea la agresión israelí, o la “resistencia palestina”, detrás de la “guerra civil” en Siria, detrás del terrorismo y la lucha de bandos religiosos en Irak, se mueve un mismo motor: el  que sirve para hacer prevalecer el interés de la burguesía y sus facciones, grandes y pequeñas, reconocidas o no. Se mueve el motor   de la necesidad de las potencias imperiales por disputarse y repartirse el mundo. El motor de la necesidad de EEUU (la más poderosa nación capitalista) de  demostrar su hegemonía militar mundial. Finalmente es siempre el capitalismo el que está detrás.

    Bajo el mito   del “pueblo” se pretende ocultar la realidad de una SOCIEDAD de clases. Es en ella que surge la guerra y no es a los proletarios a quienes beneficia. Tras el discurso del interés nacional, viene siempre  el monstruo de todas las guerras que se han  desarrollado bajo el capitalismo. Contrario a ello se plantea la necesidad de la violencia revolucionaria, que dé fin a todas las guerras. Dicha violencia solo puede triunfar a partir de la organización consciente de la inmensa mayoría de explotados, de la clase proletaria. Es la misma idea  que ya se ha planteado en 1917-1919 por el proletariado en Rusia y Alemania: cuando la burguesía europea –con el apoyo de los partidos “socialistas”- llevó al “pueblo” a la barbarie de la Gran Guerra, y millones de trabajadores se hartaron y movilizaron por primera vez por su propio interés, olvidando las banderas nacionales de uno y otro bando. Igual que en 1871, cuando mientras la Guerra Franco-Prusiana cobraba miles de víctimas, en el París de la Comuna se izaron  por varias semanas las banderas rojas de  la República del Trabajo.

                  Puede ser que obligados por las potencias imperiales, uno y otro bando establezcan una nueva tregua, o bien que los ataques sobre Gaza se prolonguen aún más y cobren mayor número de víctimas. Ante ello no será la “comunidad internacional”  (es decir el conjunto de estados capitalistas agrupados en la ONU, el Consejo de Seguridad, la Unión Europea, la Liga Árabe  y demás patrañas) quien pueda plantear una alternativa a la guerra. Es necesaria la movilización de millones de trabajadores para abrir una perspectiva distinta. En este escenario, el proletariado prácticamente no aparece en Palestina, donde, a causa de sufrir por décadas el asfixiante  bloqueo militar y económico israelí, se ha visto fácilmente arrastrado tras las banderas nacionalistas (primero enarboladas por la OLP y actualmente por Hamás). Ahí nuestra clase se muestra incapaz de plantear una perspectiva autónoma. Ello no significa que no exista. Ocurre casi igualmente en Israel, donde el miedo predomina. Miedo auspiciado tanto por el propio estado como por el riesgo del terrorismo.     Sin embargo esto no ha logrado impedir del todo las protestas contra la guerra. La acción unificada del proletariado  parece algo imposible. Y sin embargo no hay otra alternativa ante la barbarie. A menos que queramos que esta continúe tenemos que hacer lo que esté en nuestras manos por frenarla. Para la humanidad no todo está perdido: ya recientemente, durante la llamada “primavera árabe”  hubo una importante reaparición en escena de los trabajadores. En lugares como Egipto,  fueron los proletarios quienes cuestionaron a las burguesías locales, independientemente de su signo “autoritario”, “democrático”, o “popular”.

                La burguesía seguirá buscando arrastrar a las masas bajo sus banderas nacionalistas y democráticas. El capitalismo seguirá procreando la guerra y la barbarie mientras no se le destruya. Y esto último no ocurrirá mientras no haya una revolución mundial, que barra con  todos los estados y con la dictadura del capital-trabajo. Los estafadores de la burguesía y de la izquierda del capital podrán seguir proclamando la “libertad” para los pueblos, el “derecho a la autodeterminación”,  y la defensa y creación de nuevos estados. Nosotros seguimos gritando ¡NO!, seguimos diciendo:   ¡PROLETARIOS DE TODO EL MUNDO, UNÍOS!

Verano de 2014.

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Un comentario el “Guerra entre Palestina e Israel: Nacionalismo y Muerte.

  1. …¿Entonces simplemente es lo mismo que en todas partes, todo el tiempo? Ah, bueno, puedo quedarme neutralmente tranquila… ¿Entonces tener territorio nacional o no tenerlo da igual? Bueno, que incursionen los yanquis o sionistas donde quieran, si es lo mismo… Gracias, ahora puedo seguir contemplando la pantalla más tranquila.

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