México: El proletariado como clase revolucionaria y antagónica al capital

“Estamos por la lucha del proletariado (desde nuestra condición de proletarios) por su emancipación y auto-supresión como clase.”

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Compañerxs:[1]

Nosotros no entendemos las luchas separadas ni las promovemos, no creemos en los sectores, como si estos fueran ajenos en torno a intereses entre unos y otros, no entendemos el empecinamiento de otros compañeros de enfrascarse en tal o cual lucha sectorial, haciéndonos creer que es la “LUCHA”, por ejemplo: los activistas del movimiento estudiantil, los proto-sindicalistas, los militantes de grupos ideológicos como los “anarquistas” y por supuesto, los “marxistas”, sin olvidar a los amantes del movimiento indígena, etc.

¿Entonces, qué entendemos?

Nosotros entendemos que más allá de estas falsas identificaciones sectoriales, estas falsas comunidades que se desarrollan dentro del Capital, este falso parcelamiento social entre los explotados, existe un “sujeto” de la negación a todo los existente, bien real y concreto que se desarrolla en la sociedad capitalista en la que vivimos, como resultado de las condiciones y funcionamiento de esta sociedad de explotación del hombre por el hombre, y este “sujeto” al cual nosotros reconocemos no es otro más que el Proletariado.

Muchos nos dirán que este “proletariado” es un sector más en esta lucha, que no es la única, que debemos apoyar todas las luchas, las de las “amas de casa”, los “indígenas”, los “estudiantes”, etc. Y es aquí cuando verificamos este tremendo error: el hecho de identificar a toda costa al proletariado como sinónimo de “obrero industrial”. Justamente si lo vemos desde esa perspectiva mistificada y fetichizada, sería lógico pensar de esta manera, lo cual muchos grupos izquierdistas así lo retoman y lo reproducen.

¿Pero entendamos, qué realmente es el Proletariado?

El proletariado no es una identidad más dentro de ese mundillo de las identidades “subversivas” (punks-hippies-antifas-estudiantes-obreros-feministas-ecologistas-indigenistas…), el proletariado no es sólo un “sector” dentro de la sociedad burguesa, así como hay tantos otros “sectores” en los cuales los sociólogos al servicio del poder se han dedicado de estratificar y sub-estratificar con el beneplácito de sus amos. El Proletariado no es la “clase baja”, no es sólo “los obreros de la industria”, o los que “trabajan”. El Proletariado del cual nosotros hablamos no es una categoría sociológica ni mucho menos va estar definido en un patético diccionario, antes que todo, el proletariado es un “sujeto” histórico devenido de una relación social bien concreta como lo es el capitalismo, este proletariado no lo caracterizamos dentro de alguna posición al interior del trabajo dividido y subdividido del capitalismo contemporáneo (es por eso que estamos en contra de la identificación proletario=obrero industrial o “clase obrera”). El proletariado desde su definición originaria es todo aquel que no posee los medios de producción (Capital), y por esto se ve en la necesidad de mercar con lo único que posee, su “fuerza de trabajo”, o sea su inteligencia y su músculo y ofrecerlo al servicio de cualquier propietario del Capital, o en su defecto morir de hambre o dedicarse a cosas “alternativas”, como subsistir de limosnas, auto-emplearse, robar, etc. Es esta condición de desposesión frente al Capital que caracteriza al proletariado, y aún más, es la condición de nula capacidad de decisión sobre el mundo y sobre su propia vida lo cual también lo define.

Por lo tanto, en este capitalismo que ha cambiado “mucho”-como dicen todos los posmos– desde aquellas épocas de la primera revolución industrial en Inglaterra, sí, que ha cambiado “mucho” en su intensidad, ramos de explotación y su forma externa de gestión, pero que se mantiene totalmente invariante en su real condición: la de extracción de valor para generar más valor valiéndose de la industria, de los servicios, del mercado, del turismo, de la industria agropecuaria, etc., mediante la única forma que ha tenido a la mano, que es la extracción del “plusvalor” de los desgraciados que se mantienen trabajando en la condición de asalariados. Todo esto, como en aquellos primeros años de la génesis de las relaciones capitalistas, genera una división de la sociedad entre los que poseen medios de producción, que poseen el Capital, y por otro lado los que no poseen nada más que la desgracia de tener que trabajar para los que sí poseen el Capital -y a su vez acrecentar el Capital de los poseedores de éste-, o morir de hambre o dedicarse a la subsistencia. Burguesía y Proletariado, es así como se divide la sociedad en el capitalismo, y aún todos esos estratos y clases supervivientes de las antiguas formas de producción: campesinos, artesanos, etc., no quedan fuera de esas relaciones y por tanto, mientras más el Capital se expande y se arraiga en todas las latitudes del globo, ese tipo de “clases” anteriores tienden cada vez más a su disolución, a entrar en las relaciones capitalistas, ya sea como propietarios de Capital o como desposeídos de éste.

En este sentido nos preguntamos, ¿Cuáles son los intereses de los proletarios?

Estaremos de acuerdo que estos intereses están contrapuestos a los de la burguesía, porque entre más enriquece ésta, más “prospera”, se arraiga y se empodera, el proletariado más se empobrece, se ve obligado a más trabajo -en algunos casos-, o a la ausencia de éste, su “flexibilización”, más carestía, y mucho menos capacidad de decisión sobre su vida y lo que sucede alrededor. Entonces, si este proyecto de la burguesía, que lo niega como ser humano y lo reduce a mero operario de la maquinaria de generación de valor y de instauración del mundo generalizado de la mercancía; lo destruye, ¿qué interés tiene el proletario en que continúe esta realidad del capitalismo? Es por eso que el proletariado, cuando reconoce con cierta claridad esta realidad, es el más interesado en que este estado de cosas llegue a su fin.

Cuando el proletariado, o sea todos esos desposeídos y arrojados al trabajo asalariado, a la vagancia, a la subsistencia, al sin-futuro, reconoce su estado miserable de existencia, sea de forma velada o consciente, tiende a oponerse de varias maneras en contra de lo que ellos se percatan los está explotando y subsumiendo y no les permite vivir una vida como se supone deberían vivir por “derecho”. Es por ello que históricamente la clase proletaria se rebela según sus medios y alcances intelectuales, desde los antiguos incendios y destrucción de máquinas, pasando por la formación de sindicatos y cooperativas, negándose a trabajar, indisciplinándose o llenamente siendo participe de insurrecciones, huelgas salvajes, sabotajes, expropiaciones, actos de disturbios, etc.; demostrándonos claramente que no hay intereses comunes con sus explotadores, sumado a que la lucha entre clases es inevitable, que desemboca de las relaciones de explotación y no por mero capricho inventado por unos ideólogos.

Es por todo ello que hablamos de la “lucha del proletariado” en oposición a todas las luchas sectoriales, porque entendemos a la clase en su verdadera dimensión, en su amplitud, en su historia y sus contradicciones inevitables, no porque la idealicemos y queramos dotarle una cierta capacidad cuasi-mística para la liberación de la humanidad. No, sino que a pesar de su pasividad y alienación crónicas o temporales, el proletariado en su condición frente al Capital, es la total negación de esta sociedad, y que en la práctica, en su cotidianeidad con este mundo, cada vez que le es más presionado, más embaucado y más reprimido lo demuestra, muy a pesar de todos los sesgos nacionalistas, burgueses y religiosos con los cuales se le busca contener.

La lucha de los estudiantes de Ayotzinapa, no es “la lucha de los estudiantes de Ayotzinapa”, sino la misma lucha del proletariado en contraposición a la actual sociedad de muerte y miseria; la lucha de los obreros de alguna empresa, no es “la lucha de los obreros de la empresa tal”, es la lucha del proletariado contra las condiciones de existencia que genera el Capital; la lucha de los pobladores de regiones donde el gran Capital asedia la naturaleza, no es “la lucha de “tal” pueblo contra la constructora “tal” que construirá “tal” infraestructura”, sino la lucha de los proletarios en contra de la depredación y el progreso del Capital[2]; la lucha de los presos, no es “la lucha de los presos”, es la lucha del proletariado en contra de la contención y la reproducción sistemática de la represión, masacre y encarcelamiento de los proletarios en lucha. Sabemos de antemano que ninguna lucha está exenta de debilidades, en tanto que luchas parciales, en tanto que herederas de posicionamientos tímidos e impulsadas de ideologías sin ruptura con el Capital y el Estado, pero esto no quiere decir que en su esencia y en sus momentos más lúcidos, más esclarecedores, no posean todo el contenido a desarrollar por nuestra clase, que es la negación total de esta sociedad. En tanto el proletariado se articula y se clarifica se denota a toda luz este contenido y su práctica subversiva es consecuencia de ello, cuando ya no habla de luchas nacionales, ya no muestra su apoyo a la burguesía ni la pequeña burguesía en sus problemas de gestión, cuando se niega a enrolarse al ejército cuando hay una guerra, cuando se indisciplina contra la democracia y decide no participar en el circo electoral, cuando golpea y escupe en las calles a los políticos y empresarios, cuando deja de ver la tv y leer los periódicos que le dicen que se porte bien y no se rebele, cuando señala a los burgueses y gobiernos de ser cómplices del narcotráfico, cuando lucha por la VIDA en vez de luchar por una “mejor” vida para sí mismo[3].

Por lo tanto, cuando se sigue declarando y siendo adepto de la parcelación, de las variadas “luchas” separadas pero “solidarias” unas entre otras, no es más que caer de nuevo, en la falsa subdivisión de esas luchas como ajenas a la lucha del proletariado, y falsear lo que realmente son: variadas formas en las que el proletariado expone su negación a esta sociedad, que al final de cuentas son causa de la putrefacción de las condiciones impuestas por la hegemonía del Capital y su Estado defensor, donde los actores de estas luchas no son para nada diferentes unos de otros, pues de lo contrario, en lo que acabaríamos sería dividir, sectorizar en base a estéticas, niveles ideológicos, estratos económicos, nacionales, sexuales y ocupacionales a los que en la práctica concreta y dentro de las relaciones de producción capitalistas están y comparten la misma posición de desposesión, explotación y dominación.

Por todo esto no estamos “por una u otra” lucha de los llamados “sectores de la sociedad”, porque entendemos que cada una de estas luchas, las que promueven los proletarios contra las condiciones de existencia y en contraposición de los intereses del Capital, son una misma, más allá de si las encabezan “estudiantes”, “obreros”, “mujeres” o “desempleados”.

No convergemos con las supuestas parcelaciones sociológicas, ni su reproducción ideológica ni en el discurso ni en la práctica.

Estamos por la lucha del proletariado (desde nuestra condición de proletarios) por su emancipación y auto-supresión como clase.

 Por el comunismo y la anarquía.

Material Relacionado “A los caídos, despertad es hora de levantarnos” Descaraga PDF Panfleto del Grupo: Proletarios Sembrando Rebelión


[1] Si bien aquí utilizamos la “x” para resumir la integración de género, dentro del texto se prescinde de éste, de las “@” y de las adhesiones “-os-as-es” no por una cuestión machista, sino para no crear una sopa de “x”,”@”, etc., que ocasionen una falta de legibilidad, congruencia y claridad en la lectura, por eso utilizaremos el plural común en la lengua castellana, que de antemano en el uso corriente se comprende que se abarca a los dos sexos.

[2] Y aquí no harán falta los críticos que dirán que estas luchas son de los pueblos indígenas, campesinos, etc., y que el término “proletario” a estos sectores ni les queda bien, si proletario lo entendemos por “obrero industrial y citadino”, claro que no les queda, pero si aclaramos que la condición de ser del proletariado es la desposesión de los medios de producción de valor, de Capital, y por ende su enfrentamiento ante esta realidad, ya sea trabajando asalariadamente en las variadas ramas como la industrial, la de servicios, la agropecuaria, etc., ya sea subsistiendo, mendigando o autoexplotándose por no tener capacidad para que el Capital lo utilice como fuerza de trabajo; entonces toda esta gente, como unos dicen “campesina” -aunque ni propietarios sean-, “indígena” -como si realmente importara la extracción sociocultural y racial-, no son más que proletarios del campo, muchos de ellos trabajando de jornaleros, sin propiedad, o con la mínima para autoalimentarse y sobrevivir, o a lo mucho propietarios comunales. Y los pocos que todavía tienen el honor de poseer un buen pedazo de tierra y/o ganado no tardarán en, -uno-convertirse en terrateniente-ganadero o venderle su terruño a una corporación agropecuaria u otro propietario, -o dos-, caer en la pobreza, dejarlas sin trabajar, abaratar su tierra y/o ganado, perderla por extorsión o deudas y terminar en una condición auténtica de proletarización

[3] Mejor vida en cuanto a los cánones capitalistas, (mejor nivel económico, una mejor casa, más grande, un auto, etc.)

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