Francia: ESTADO, ATENTADOS Y ADMINISTRACIÓN DE NUESTRAS VIDAS

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Estado, atentados y administración de nuestras vidas[1]

Viernes 13 de noviembre 2015, varios ataques simultáneos han matado alrededor de 130 personas en Paris, heridas y traumadas centenas de otros. La organización DAESH[2] ha reivindicado inmediatamente esos ataques, llevando la guerra en las calles parisinas, deseando difundir el miedo y avivar el odio. El blanco era un modo de vida y las formas de sociabilidad elementarías (ir a un concierto, echarse un trago, etc.). DAESH se considera como el perro de guardia de lo sagrado y piensa hacerlo entender de la manera más clásica en que lo han hechos las religiones: torturar, matar y masacrar.

Daesh, Estado y Capital

Lo que tienen en común Daesh, el Capital y el Estado, es esta misma visión autoritaria, la de administrar nuestras vida como les de la gana. La legitimidad se busca en dios por uno, en el crecimiento y la “mano invisible” del libre mercado por otro, en la alternancia elecciones/uso de la fuerza por el tercero. Todas esas cosas participan en mantenernos en una sociedad desigual, en la cual explotación rima con desposesión.

De hecho, los “islamistas” no son para nada tradicionalistas que no alcanzaron el tren de la modernidad, ellos son una de sus encarnaciones. Son marcados e influenciados por el capitalismo, la mundialización, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, se satisfacen muy bien de algunos movimientos de los flujos financieros y buscan un sujeto potente al cual identificarse. Todo eso es la base de la sociedad mercantil. El individuo moderno esta tensionado entre la defensa fanática de sus interés privados, considerando a los otros como instrumentos. Al mismo tiempo y en respuesta, se crean la necesidad de fundirse en una comunidad imaginaria que afina esas relaciones de instrumentalización recíproca y da la sensación de no estar completamente aislados. La identificación a un sujeto colectivo ofrece las ilusiones que necesita el hombre moderno. Que sea la nación, el pueblo o la comunidad religiosa, las grandes ficciones que están en boga… En otra época era el comunismo al estilo soviético o la fe en el progreso económico y técnico, ahora parecen perder arranque. En todo caso, ya no se trata de buscar cómo construir, hombro con hombro una vida colectiva más libre entre iguales, prefieren dejarse llevar por algo que se presenta como inmutable y elusivo, con una jerarquía bien constituida y fronteras bien delimitadas. En fin, dejarse dirigir por esa gran cosa que nos supera. Y cada vez, son posibilidades de emanciparse que desaparecen…

Finalmente, los perfiles de los protagonistas que integran las revueltas islamistas, en Siria como en Irak, parecen más abandonados, viviendo en las márgenes periféricas, excluidos de las sociedades en las cuales la relación de explotación se está reforzando, sin gran perspectiva de futuro. A menudo sin vínculo familiar y cultural con el Islam, o en ruptura con sus cercanos y en reacción a la exclusión social y racista que sufren, ellos y ellas llenan las filas de las revueltas autoritarias. Ellos y ellas participan en desviar las luchas hacia un enemigo imaginario y fantaseado. Los grupos identitarios y la ultra-derecha, alimentada por los discursos nacionalistas de derecha como de izquierda, hacen exactamente la misma cosa. Más que participar en luchas sociales que les permitirían emanciparse de los ricos y los jefes, de las jerarquías y de las ataduras, los explotados y los oprimidos se pelean entre ellos.

 “Vigilar” es un eufemismo

La más grande de las victorias de los islamistas ha sido reducir la ya débil dimensión emancipadora de nuestras sociedades: estado de urgencia (es decir suspensión de los derechos y libertades de las cuales son tan orgullosas nuestras democracias liberales), militares en todos lados, control a las fronteras, otras leyes anti-terroristas, intervención armada, vigilancia generalizada de nuestras vidas, etc. Eso fue el caso después los atentados de 1995, y luego de 2015, otra vez es el caso. Nos estaban preparando la extensión de la “legítima defensa” para la policía, que ya matan y mutilan sin cesar, de preferencia con balas en la espalda y a manifestantes que a lo mejor están armados de piedras. Imaginamos muy bien hasta donde se va a extender después los atentados. Solo nos quedará contar los muertos asesinados por la policía.

Brigadas de militares en las calles con cámaras de video -vigilancia, de la construcción de nuevas prisiones a la vigilancia generalizada, pasando por el endurecimiento jurídico frente a la agitación social, la administración de nuestras vidas se va a extender, otra vez más. Ya empezaron los allanamientos, controles de identidad, prohibición de marchas se multiplican, sin vínculo con los ataques del viernes. El Estado aprovecha el estado de urgencia para hacer su chamba sucia. El terror no es solo específico a Daesh, nos gobierna también en nuestras democracias liberales.

Continuar la guerra en Siria, ya empezada desde hace varios años, se anuncia como una respuesta del Estado francés. Otra vez una intervención militar, después el Mali, Libia, Centroáfrica, Costa de Marfil, Somalia, Afganistán. Allá para defender minas de uranios, más allá para defender reservas pesqueras y basureros de detritos químicos y nucleares, o hasta allá para proteger zonas de influencias económicas y políticas. Hace tiempo llamábamos eso imperialismo. Mientras Daesh protege sus intereses protegiendo sus pozos de petróleo y que las potencias imperialistas se acaparan de las riquezas, siempre es la misma gente que lo paga, en Homs como en Paris. Una intervención militar justificada para “la salvaguardia de nuestras libertades”, como si fuéramos libres en nuestras sociedades-cuarteles antes de los atentados. Cuando uno hace la guerra en todo el mundo, no hay que sorprenderse que se haga en su territorio de las maneras más despiadada.

Todo eso nos anuncia una época maravillosa. El nuevo enemigo genérico de las democracias liberales, el islamismo radical sirve de excusa para borrar toda crítica de ese mundo que camina hacia el desastre. Las medidas de seguridad en curso están sostenidos por el discurso de la sobreelevación de la vigilancia en el cual se pide “asignar a residencia” o intentar encerrar todos los ya fichados “S” por la policía. La ficha “S” es una inscripción en un fichero de los servicios de vigilancia-inteligentsia de toda persona considerada como una amenaza potencial para el Estado: islamistas, porros de futbol, militante antinuclear, gente oponiéndose a un aeropuerto, sindicalista demasiado agitado, anarquista, etc. Es una noción bastante borrosa para meter todo y cualquier cosa.

En un contexto en el cual las iniciativas de grupos de ultra-derecha se multiplican y las ideas racistas pululan, el ambiente reaccionario y racista se vuelve reforzado. Unión nacional y frente republicano versus Frente Nacional y grupos identitarios, eso es lo que se propone. Para nosotros, no será ni uno ni otro. Más que la ultra-derecha son las ideas reaccionarias, marciales, nacionalistas y de seguridad que se despliegan por todos lados. Todas esas ideas, como las defendidas por Daesh, reprimen toda posibilidad de emergencia de una vida libre, digna e igualitaria.

No son los próximos desfiles reaccionarios llamando a la unión nacional que deberemos o integrar, donde explotadores y explotados, racistas y racializados, opresores y oprimidos, están interpelados para hacer “causa común” en un sujeto colectivo que siempre ha servido a canalizar las revueltas y disciplinar: la nación. Son las solidaridades con los sin-papeles, las huelgas en las empresas, las revueltas en los barrios, las luchas feministas y antipatriarcales que vamos a tener que reforzar y multiplicar. Aquí, en Europa, pero también apoyar a las de allá, en los países de Medio-Oriente, como en todos lados. Sin olvidar de resistir a todas las leyes liberticidas que ya abundan y seguirán implementándose masivamente. Más que nunca, acabar con lo que nos oprime se vuelve urgente.

Comunicado escrito por anarquistas del norte de Francia, 20 de noviembre 2015.

Traducido por apátridas internacionalistas.

[1] Este comunicado fue escrito algunos días después los atentados. Desde entonces, algunos temores evocada en este texto se han realizados. En tres semanas, son más de 2000 casas que fueron cateadas en todo el país, incluso a muchas personas que no tienen nada que ver con el islamismo radical. Dado la cumbre del COP21, el estado aprovecho del estado de emergencia y cateo a casas de militantes anarquistas y ecologistas radicales han visto sus casas cateadas y en más de una trentena fueron « asignadas a sus residencias », es decir que no tienen el derecho de alejarse de su domicilio de día y se les prohíbe salir de noche, o sea, no es una medida preventiva, es ya un castigo en sí. Notemos también la fuerte represión de la marcha anticop21 del domingo 29 de noviembre en la cual fueron detenido más de 200 personas.

[2] DAESH significa Estado Islámico en árabe.

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