México/AP: FELIZ AÑO NUEVO (LA REVUELTA HA COMENZADO)

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En los primeros días del año, luego de entrar en vigor el aumento en los precios de los combustibles, se suceden en México bloqueos de carreteras, tomas de casetas de cobro en autopistas, bloqueos de gasolineras. Pero lo que más llama la atención son una serie de saqueos, que se extienden por muchas ciudades. Los saqueadores se llevan principalmente pantallas de tv, aparatos electrónicos, pero también juguetes y productos “básicos”. Más de medio millar de aprehendidos en una semana, muertos, pánico en el gobierno, en los empresarios en todos los partidos.
La sociedad rinde culto a la mercancía: la adora, la eleva a los altares donde ha de ser venerada. Y la mayor expresión de este culto no es el consumo, sino el trabajo. En y por el trabajo, la actividad humana misma se vuelve mercancía. Aunque aparentemente sólo se trabaja para producir lo que serán más mercancías, o para poder acceder a ellas, también trabajando convertimos nuestra actividad en una mercancía que habrá de ser cambiada por otras: las mínimas para poder volver al trabajo. En resumidas cuentas: se trabaja para comprar, y se puede comprar solo lo necesario para volver a trabajar al día siguiente.
Pero de repente todo se vuelca. Patas arriba. Saqueos. En el saqueo, la mercancía resulta profanada como tal: de ser el amo pasa a ser el esclavo, deja de ser el Dios, lo inalcanzable, y se convierte en un vil objeto a la mano, al servicio de las necesidades humanas.
No han sido los saqueos los que han generado el miedo. La idea del terror ha sido difundida por el Estado, por los medios, por la prensa, en primer lugar por las redes. No sólo por los bots de internet sino también por la gente zombi, que repite sin pensar lo que otros dicen. Son los burgueses los que temen. Es su clase la que está aterrorizada. Son los partidos políticos los que temen. Son los dirigentes los que temen. Incapaces de comprender el lenguaje de la revuelta, han estallado en pánico y quieren que su reacción sea también la nuestra. Esperaban sólo marchas, bloqueos dirigidos, acciones pacíficas: todo aquello que pueden más o menos tolerar, controlar o reprimir fácilmente
Pero la revuelta ha estallado. Gente que por sí misma sale de sus casas, y, entre otras cosas, va a las tiendas y toma lo que quiere. Profana la moral del capital que nos dice hay que trabajar para tener lo que se quiere. Y profana la moral del Estado, que nos dice debemos manifestarnos por los cauces acostumbrados. De pronto la gente se da cuenta de que no es necesario matarse trabajando una semana, una quincena, un mes, un año, una vida para tener lo que se necesita. De pronto los políticos profesionales se han tornado aun más inútiles a la vista de todos, cuando esta gente ha tomado en sus manos sus asuntos.
Saqueadores sin nombre, muchos sin los rostros cubiertos: una multitud que no necesita encapucharse ni nombrarse. ¿Qué esperaban? ¿Un Comunicado? ¿Una conferencia de prensa? ¿Un vocero? ¿Un líder? ¿Una explicación? ¿Qué alguien rindiera cuentas? ¿Qué alguien explicara el atrevimiento? ¿Que se diera a conocer un pliego de demandas? ¿Qué alguien dijera “lo vamos a dejar de hacer cuando nos cumplan, nos firmen, nos reciban en sus oficinas, nos den esto y lo otro, o no nos den nada”? ¿Querían que se implorara por una mesa de negociación? ¿Que se pidiera una renuncia? ¿Qué se dijera “este es nuestro candidato/a”?
Esta es la política de las multitudes. Sin ustedes: sin los salvadores, sin los representantes. Sin los tranzas. Sin los traidores. Sin los héroes, sin los valientes, sin los abnegados. Esta es la política de la gente común sin ustedes: sin los “expertos”, sin las vanguardias, sin los militantes. Este es el despertar de nuestra clase. Sin ustedes: sin los burócratas, sin los “revolucionarios”, sin los negociadores. Esta es la revuelta de la desesperanza: del no esperar más de ustedes, de sus partidos, de sus campañas, de sus grandes frentes de organizaciones. Confiar sólo en quien hace lo mismo que yo, en quien colabora o mejor se queda callado, confiar sólo en las propias fuerzas.
Dicen que fue orquestado, planeado, que- todos-conocen- a- alguien- que- supo- que decían- que -estaban pagando-a otros- por hacerlo. Si acaso ocurrió ya no importa. La mayoría que participaron en los saqueos fue gente común. Si a ti te pagan 80 pesos diarios por morirte de hambre trabajando y te sientes honrado, no me vengas a dar lección de dignidad. Mucha gente lo hizo y no le pagaron nada. Mucha gente lo hizo y se arriesgó, no por valor sino por necesidad. A cambio de nada tomó un poco de lo suyo. Detrás de este movimiento está el hambre. Si no lo comprendes hazte a un lado, cierra la boca y aprende.
Se quejan de que la gente “robe” pantallas y otros aparatos, en lugar de robar frijol y tortillas. En su ideología quieren ver al pobre robando pobreza.
Se quejan de que los saqueos sirvieron para anular la protesta, para desviar la atención. Mentira: la protesta ya estaba anulada desde antes, desde que nadie esperaba que pasara nada y solo nos disponíamos a ver el mismo teatro de siempre: algunas marchas-procesión, alguna violencia bien canalizada es decir, bien contenida, ciudadanos, “sociedad civil” y “pueblo” rebelándose correctamente: bien formaditos- y sin pisar el pasto. Los que desvían la atención hacia el “miedo” a los “provocadores” son ustedes, los políticos, los periodistas y los ciudadanos con alma de borregos y policías. La gente que saqueó, estuvo bien ocupada en sus asuntos como para distraerse en tonterías.
Quien nada tiene, nada teme. Que se espanten los empresarios, los comerciantes, los mezquinos. ¿No quieres que se te quite? Reparte lo que sobra. ¿No quieres que entren a tu supermercado si no es a comprar? Pues ciérralo. ¿Vas a seguir vendiendo a crédito y cobrando doble cuando tus clientes no puedan pagar un abono? Pues no esperes sino que los saqueadores te cobren cualquier día lo que tu haz vendido y cobrado con creces. Todo lo que se niegue a nuestra gente, esta irá tomándolo, quizá poco a poco, pero sin falta.
Los poderosos clamaran por la paz, pero ellos declararon la guerra. Los políticos pedirán calma, pero la paciencia ya se habrá terminado. Los tibios pedirán prudencia, pero esto es incontrolable. ¿Esto sí que es prudente, no? ¡Dejar de pedir y de morirse de hambre!
Los que no ven más allá de sus narices pedirán un programa, una lucha “bien organizada”. Este es nuestro programa: lo queremos todo. Este es nuestro partido: no esperamos ir más con ustedes.
Apoyo a los Saqueadores.
Enero 2017.
Tomado de Alerta Proletarios: https://www.facebook.com/alertaprole/?fref=ts
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