México/La Sexta Trabajadores: CONTRA SU SISTEMA DE TERROR Y SU SEGURIDAD DE ASESINOS. NO AL MIEDO, GENERALIZAR LA REVUELTA Y LA INDIGNACIÓN.

Documento repartido el viernes 12 de mayo en CU

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NO-TENEMOS-MIEDO

CONTRA SU SISTEMA DE TERROR Y SU SEGURIDAD DE ASESINOS.

NO AL MIEDO, GENERALIZAR LA REVUELTA Y LA INDIGNACIÓN.

Con el asesinato de la compañera Lesvy Berlín Osorio Martínez el pasado 3 de mayo de 2017, el Rector de la UNAM Enrique Graue y sus jefes  pretenden llevar el dolor, la rabia y la indignación al terreno de la criminalización y la persecución de todo lo que lo que les parece moralmente incorrecto. Pretenden así abrir el camino de la represión generalizada del movimiento social y la expulsión definitiva de los pobres hacia fuera de la UNAM. Han  señalado  como sospechosos  a los  “grupos antisistémicos” y los han sentenciad como culpables desde luego: se ejercen en juez y parte, pues bajo su modo de pensar, Ellos son la Universidad y Ellos son sus “defensores”  naturales.  De forma ruin buscan desalojar a ambulantes, criminalizar a alcohólicos, perseguir  drogadictos  y otros  indigentes, cuando su  miserable educación   y su sociedad podrida son las que los han procreado.  Y buscan  sobre todo impedir  que  la organización autónoma florezca ante los ojos de  lxs adormilados y pasivos. Quieren  que la negación de su sistema no irrumpa aún más en su cotidianidad alienada. Cotidianidad que es aún  más degradante  que el alcohol y las demás drogas  que sus cobijados dealers  venden con  la ayuda   de vigilancia  UNAM entre los estudiantes.

Siguen pretendiendo a mediano plazo desalojar y/o institucionalizar  los escasos  espacios de organización, tomados en su mayoría en el contexto de la Huelga del 99-2000. Trayendo a la policía  a las instalaciones para luego abrirle paso total  a la “inversión privada” y continuar los planes estatales de aplicación de  contrarreformas. Para hacer aún  más de la Universidad un centro de domesticación ideológica y encuadramiento  masivos. 

Pretenden difundir el miedo y la idea de que  necesitamos “seguridad”.  ¿Qué significa pedir seguridad en el México actual? Basta asomarnos a la realidad nacional para ver como militares y policías son parte de las guerras contra los explotados, contra l@s trabajadores,  contra las comunidades en resistencia,  mujeres y hombres,  indígenas y no indígenas. Quieren que la población clame por “seguridad” al Estado, mientras que  son ellos: políticos, policías y militares los protagonistas de secuestros, desapariciones, torturas, despojos y asesinatos. La “seguridad” que nos hacen creer necesitar, no es sino  la garantía de que  ellos podrán seguir explotando como clase y manteniendo sus instituciones de poder: instituciones que van desde la misma  Universidad como fábrica de zombis, hasta la familia nuclear y el patriarcado,  que reproducen la violencia a nivel social generalizado. Pasando por todas sus podridas policías, ejércitos, paramilitares, tribunales, partidos políticos, leyes, ong´s y  parlamentos. 

Como no pueden pedir abiertamente  que la masa (aun estando enajenada) defienda toda esa basura diciéndoles lo que significa, quieren que la gente día a día, en aras de la “seguridad” individualizada, se preocupe por cosas tan miserables como un automóvil, un smartphone, como su fuente de trabajo de explotadx, como “su” mercancía para vender o como su pútrida quincena,  chuleta o beca,  como si fueran su todo, y que  los defienda con su vida ante un asalto, o se ponga a perseguir y/o linchar delincuentes y convertirse ella misma en policía. Esto en lugar de reflexionar sobre la condición de miseria social en que vive gracias al sistema. Un sistema en el que los únicos que tienen que defender derechos,  privilegios y propiedades reales son un puñado de  mil millonarixs.

Un crimen como el de Lesvy que hoy  ocurre en el campus de Ciudad Universitaria, ha sido posible porque desde siempre  los crímenes  se han visto cobijados por la Rectoría y el Estado. Baste recordar el caso del estudiante Pavel González en Abril de 2004, donde las autoridades universitarias encubrieron a los asesinos que lo secuestraron desde aquí dentro del Campus y luego lo fueron a ahorcar en el Ajusco. O como en el caso de Carlos Sinuhé Cuevas en 2012, activista quien era hostigado por vigilancia UNAM con la venia de su líder sindical Agustín Rodríguez. Después de su asesinato fueron solicitadas a la Rectoría las bitácoras de los vigilantes, mismas que fueron  negadas, manipuladas y finalmente borradas: un hecho más de impunidad y encubrimiento de los ejecutores, todo ello en complicidad con la PGJDF. O como en el caso de la desaparición en 2010 y posterior feminicidio de Adriana Morlett, quien fue vista por última vez en instalaciones de Ciudad Universitaria, donde ni las cámaras ni la vigilancia pudieron hacer más que captar sus últimos pasos pero no evitar la pérdida de su vida.

Del mismo modo en que hace un año en la  ofensiva contra la Okupache, las autoridades universitarias movilizaron a sus acarreados de los consejos estudiantiles y académicos, a su personal de confianza y a diferentes lambiches que buscan escalar en los privilegios que otorga el control laboral, político y académico en la UNAM, hoy mandan a estudiantes, académicos y trabajadores que están haciendo currículum, puntos y méritos,  a borrar las pintas, a satanizar y moralizar sobre  las formas de protesta. Todo ello  mientras convocan a manera de circo a “movilizaciones” que buscan legitimar el discurso oficial, con objeto de desviarnos de todo lo que es realmente esencial y de neutralizar cualquier intento organizativo emergente.

El sentir general de la mayoría de las compañeras (85% aproximadamente de la marcha del viernes 5 de mayo) y de los compañeros que también participaron en ella era claro: era el de la indignación, el de la preocupación por hacer algo  y no el del miedo que pretenden generalizar entre nosotr@s. Es comprensible el reclamo de justicia, claro. Pero si acaso eso existe es seguro que no vendrá desde las autoridades de la UNAM y la PGJDF. Pedir justicia a los propios protectores de los asesinos es pedir más represión indiscriminada. Clamar por “seguridad” es clamar por mayor violencia estatal abierta o embozada.

Si la UNAM es violenta es porque su país lo es: es el segundo lugar más violento del mundo. Esto es reflejo de la crisis que se vive en el mundo capitalista y que va profundizando una guerra que nosotr@s no  pedimos.  

Ese es SU SISTEMA: el de la guerra, el del  terrorismo, el de los feminicidios y crímenes de odio machista, el de la destrucción ambiental, el de  la explotación, el del despojo, el de la muerte de  comunidades y culturas diferentes, el de la represión contra todo lo que no es y no somos  como ellos quieren definir. CONTRA ESE SISTEMA HACEMOS, VIVIMOS. CONTRA ESE SISTEMA GRITAMOS, CONTRA ESE SISTEMA NOS REBELAMOS VIOLENTXS Y A LA VEZ HUMANXS.

La élite universitaria y sus sicarios forman parte del poder del Estado, por eso es importante recordar las claridades alcanzadas dentro de los propios procesos de lucha en el territorio de la UNAM y fuera de ella: la policía, las leyes, la “seguridad” y las cámaras no nos protegen: ponen más en riesgo la vida de las personas.    

¡Contra el terror, organización! Contra el miedo, autonomía e indignación!

 ¡Si quieres estar tranquil@ arma una barricada!  

¡A generalizar la lucha!

Sector de Trabajadores Adherentes a la Sexta-Trabajadores y Revolución

Mayo de 2017.

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